A la misma amiga

¡Ninfa del Guayas
encantador!
De tus abriles
en el albor,
cuando regreses
a la mansión,
donde te espera
todo el amor
de los que hoy ruegan
por ti al Señor;
cuando más tarde
vengan en pos
de los placeres
que apuras hoy,
los tiernos goces
y la emoción
con que las madres
amamos ¡oh!
a los pedazos del corazón;
no olvides, Carmen,
no olvides, ¡no!
¡a tu Dolores
por otro amor!

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