A mi inolvidable madre

Tu alma era un vaso precioso
De tan purísima esencia,
Que embriagaba mi existencia
Con su perfume amoroso.

¡Ay! La nave de tu vida
Surcó borrascosas olas,
Y espléndidas auréolas
Ornan tu frente querida.

En la ruda tempestad,
tu fé sencilla ostentando,
Y en tu rosro reflejando
Sublime serenidad.

Astro rico de esplendor,
No empañó tu brillo hermoso,
De este mundo artificioso
El corrompido vapor.

¡Qué tesoro de ternura
Guardaba tu amante pecho!
¡Ay! ¡El mio está deshecho
Por lágrimas de amargura!

Y acrece más mi dolor,
Que no ví tender tus alas
A las celestiales salas,
Mártir sublime de amor.

Ni pude escuchar tu acento,
Besar las luz de tus ojos,
Y tus calientes despojos,
Y aspirar tu último aliento.

Culto de eterna pasion,
Mi reliquia más sagrada
Es tu memoria adorada,
¡Madre de mi corazon!

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