A mi Magdalenita

Mi juguetona Musa,
aunque con torpe lira,
por esta vez pretende
consagrarte su voz, Magdalenita.

No examines si es dulce,
si es bella mi poesía,
atiende solamente
al afecto sincero que la dicta.

Pero en este momento
la memoria se aviva
de que estás tanto tiempo
del hermano que te ama, dividida.

Y este triste recuerdo
todo placer me quita,
y funestas ideas
sólo ofrece a mi triste fantasía.

Tinieblas me parece
la amable luz del día,
y me son hasta odiosas
las cosas que los otros ven y admiran.

Pero importa muy poco,
amable hermana mía,
que estemos separados,
estando nuestras almas tan unidas.

Ellas siempre atraviesan
la distancia infinita
que nos separa; se unen,
dulcemente conversan y se miran.

Se prestan mutuamente
las promesas más finas;
y un genio, un modo mismo
de pensar y de obrar, la unión confirma.

Alguna vez las dudas
perturban nuestra dicha,
pero a pocos instantes
como ligeras nubes se disipan.

¡Felices los que así aman!
Así Magdalenita
será con José, siempre
del amor fraternal imagen viva.

Mi corazón es tuyo,
mis afectos, mi vida;
pero todo esto es menos
de lo que tú mereces todavía.

Mis tiernas expresiones
reparte en la familia,
adiós. Tu amante hermano.
Octubre veintisés, escrita en Lima.

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